Siempre desde pequeña me dijeron que los demás debían pasar primero que yo, que yo no era importante y que lo mío tenía que estar en un segundo plano.
Lo que se aprende de pequeño se grava en nuestro disco duro sin darnos cuenta y sin pensar si aquello aprendido es correcto o no. Por eso cuando uno llega a la edad adulta debe cuestionarse todas aquellas creencias que fueron instauradas cuando éramos niños, para poder así empezar a decidir desde lo que yo quiero y no desde lo que los demás quieren o desean de mí.
Este sentimiento de tener que ponerse uno siempre el último, venía acompañado muchas veces con sentimientos de culpabilidad si pensaba en mi primero, si me cuidada y atendía y si me sentía feliz y alegre. Pienso que este rol instaurado sobre todo en las mujeres ha ido pasando de generación en generación haciendo sentir a muchas mujeres incompletas y dependientes.
Pero si lo miras desde afuera empiezas a darte cuenta que todo ese discurso rechina por todas partes. Pero, ¿Cómo voy a ir a cuidar y atender al otro si yo estoy mal y no me cuido? ¿Cómo voy a querer al otro si yo no me quiero? Yo me necesito la primera en mi vida, porque si siempre estoy por el otro entonces ¿quién cuida de mí? Yo soy y debo ser la persona más importante en mi vida para sentirme sano y feliz.
Si yo no me quiero ni cuido, seré una persona dependiente que estaré siempre buscando afuera el cariño y los halagos de los demás, sentiré un vacío interior que buscaré llenarlo ocupándome de todos menos de mí, con lo que entraré en un círculo negativo como en una rueda de hámster, totalmente agotador.
Cuidarse y quererse a uno mismo no es ser egoísta es tener una buena autoestima imprescindible para tener una vida plena, por lo que, sin lugar a dudas todos merecemos estar en el centro de nuestra vida y brillar con luz propia.
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Gracias Briani por tus comentarios, me ayudan a seguir. Un abrazo
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